Perdonar para sanar La arena mojada cosquilleaba sus pies, y ella dejaba huellas en el reborde del rio, con su andar. Se sentía observada, pero poco le importaba, “Debe ser por el vestido” pensó. Sentía los susurros de las personas a su alrededor, “se perdió la novia”, “se escapó de la catedral” —Idiotas—farfullo. En su mano derecha sostenía un ramo de tulipanes y en la izquierda un pedazo de papel amarillo, con una caligrafiá ilegible. Caminaba cabizbaja, tambaleándose por el peso del vestido, este se encontraba andrajoso y teñido de un color ocre, pero relucía de cierta manera. No llevaba velo blanco, sino negro, eso llamaba la atención de quienes veraneaban por el lugar. Ella camino, hasta que el sol se escondió. Cansada se sentó en la orilla del rio, e iluminada por la luna, leyó una vez aquel fragmento de carta. No puedo evitar sollozar, y sus lágrimas se derramaron lentamente por sus mejillas hasta descansar en la arena, suspiro pesadamente y se abrazo las ...