Ir al contenido principal

Tres casas, un hogar

Tres casas, un hogar

Inhala, exhala... inhala y exhala... Era todo lo que me repetía antes de salir de la casa.

Mi día comenzaba abriendo los ojos, asegurándome de que la luz que veía era del sol entrando por la ventana y no esa que dicen se ve al final del túnel. me sentaba en la cama tocando el suelo con los pies y apagaba la alarma del despertador en el primer timbrazo, siempre despertaba antes de que sonase, quizás el estar en alerta constante me había despertado un sexto sentido.  Una vez calmado y en mis otros cinco sentidos ya conocidos, salía del dormitorio y me dirigí a la pieza de los mellizos, esos angelitos son mi responsabilidad desde que nacieron, ya que nuestra casa no es segura, no lo era para mi mucho menos para dos bebes de dias de nacidos. 

Esa casa estaba en una guerra constante entre mis padres, yo con mis 12 años lo soportaba, pero no quería eso para ellos. Así que cuando tuve oportunidad me los llevé. Tuvimos suerte, la asistente social que trató nuestro caso nos mantuvo unidos, solo estuvimos en dos casas de acogida. La primera era una granja a las afueras de la ciudad, ahí vivimos hasta mis 15 años y 3 años de los mellizos. Esos dos demonios amaban los animales del campo y se habían adaptado muy bien a no tener padres, conmigo y Doña Julia era suficiente.

En la granja éramos alrededor de 30 chicos, de entre 3 y 18 años, y 2 adultos, Doña Julia y Pablo, él fue el primer niño que llegó a la “Granja Hogar” y se quedó para ayudar con los niños que iban llegando. Era hermoso, pero no era seguro, no para mí y mis hermanos. Una noche, el humo nos despertó, yo corrí por mis hermanos pero solo pude sacarlos a ellos, el humo, el fuego, mi cuerpo no se resistía y no pude volver a entrar. Los animales se salvaron, ya que las llamas no llegaron al sector del establo, y los niños mayores que hacían las guardias y cuidados de animales preñados o heridos y recién nacidos estaban bien lejos de la casa junto a Pablo que los supervisaba. Pero los niños pequeños y Doña Julia estaban dentro la casa en los pisos superiores, ellos, ninguno salió.

Por la mañana llegó la policía y nos trasladaron, nuestros padres nos habían encontrado y gracias a que no sabían en qué cuartos estábamos no nos atraparon, dicen que el incendio se les fue de las manos y que al ser una casona con mucha humedad, el humo nos cubrió.

Tuve que estar en el hospital tres meses por las quemaduras y mis hermanos quedaron en una casa temporal, un complejo de cabañas que la policía usa para protección a testigos, si fui testigo de muchas estafas y robos que mis padres hicieron, por eso me quieren de vuelta y no porque nos amen, saben que si hablo van presos y claro perderían todo lo que tienen además de que seguramente morirían en la cárcel a manos de sus socios. En las cabañas dejaron a una asistente social hasta que nos asignen una familia.

Después del infierno los niños necesitaron terapia, no querían dormir, se hacían sus necesidades encima, cualquier cosa los alteraba y con el desastre, el cambio de casa y el estar solos sin ninguna persona conocida en una casa extraña, con gente extraña. Los Juarez, la familia asignada, eran una pareja buena, rondaban los 50 años y eran padres de acogida, llevaban a los niños al hospital a que me vieran detrás del cristal de la puerta de la UCI, ya que no permiten el ingreso de personas ajenas y mucho menos menores. Pero cada viaje era muy complicado con la custodia policial y no debían hallarnos, todo era muy traumático y yo tardaba en recuperarme. Cuando por fin me pasaron a una sala común, esperé unos días y me escapé directo al complejo de cabañas, aprovechando el cambio de guardia policial de mi habitación. Me tomó algún tiempo y algunas maniobras descabelladas, pero llegue al complejo, entré saltando unos tapiales y corrí hasta la  cabaña, toqué timbre ya que no había forma de entrar, el ingreso a este complejo me había sido fácil y pensé en llevarlos, si yo un chico de 15 años y muy herido, había ingresado tan fácil no me imagino que para un grupo de mercenarios era como robarle un dulce a un bebé. Me paré frente a la puerta y toqué el timbre. El custodio me reconoció y me dejó ingresar al tiempo que comunicaba por handy que yo “el paquete” estaba ahí. Cuando pase la puerta Laura me llevó a donde estaban mis hermanos, dormían en la sala de la casa con colchones en el piso  entre los sillones de living y con ventiladores , aunque hacía mucho frío y estaban con camperas y a 10 grados en un invierno que comenzaba a asomarse, pero ellos necesitaban sentir en viento, porque si no se ahogaban y tosían hasta vomitar, una secuela del respirar el humo, ya que no los cubrí con nada cuando los saqué de la casas en llamas. Los llamé por sus nombres y corrieron tirándome al piso por colgarse de mi cuello mientras estaba arrodillado. no me moví, así nos dormimos mas de 12 horas y Laura y Juan, nuestros tutores nos cubrieron con una manta por los ventiladores y también durmieron ahí con nosotros pero en los sillones. Cuando abrí los ojos, nos estaban revisando, a los peques los pañales y a mi me cambiaban las gasas de las quemaduras en los brazos y piernas.

Me ayudaron a sentarme con mis hermanos y dejaron que yo me hiciera cargo de ellos, mientras me hablaban de sí mismos. Laura era una ama de casas y por un accidente que esteríl, Juan es un arquitecto de renombre, que tenía una oficina principal en el centro de ciudad y algunas otras sucursales en todo el país. Actualmente estaba haciendo un curso de diseñador de interiores y Laura un curso de “Feng Shui”.

No me preguntaron nada, ni tampoco me pusieron reglas, ni pautas, ni obligaciones, solo me mostraron la casa y me dieron mi espacio y me dedicaron su tiempo, paciencia y amor, me dieron paz para mi y mis hermanos.

De esto han pasado algunos años, estoy por terminar el secundario y Juan me está ayudando con algunas pasantías para poder pagarme la carrera, si voy a ser arquitecto como mi padre Juan, nos adoptaron y fue un regalo para el cumple de los mellizos, para sus 5 añitos, en la fiesta Juan y Laura les dieron una caja a cada uno y una caja decía “PARA JUAN”, la que tenía Rubén y la que tenía Jorge decía “PARA LAURA”. No les gustó mucho tener que dar ellos regalos a otros en su cumpleaños, pero lo hicieron. De cada caja sacaron una remera, escritas en letra imprenta mayúscula, los angelitos ya sabían leer, poco pero deletreaban, así que una vez que se colocaron las remeras los mellis leyeron en voz alta, la remera que Laura se había puesto “DESDE HOY SOY…” y la de Juan decía lo mismo… No entendíamos nada, hasta que hicieron señas con la mano en círculos y gritamos que se dieran vuelta, así lo hicieron, cuando giraron y al frente las remeras decían “MAMÁ” “PAPÁ”. Nadie decía nada, y Juan y Laura le dijeron a los nenes que debían entregar un regalo más que estaba en la mesita frente a ellos, este decía “ESTEBAN”, cuando me lo entregaron lo abrí, y dentro estaban nuestras partidas de nacimiento cada una decía nuestro nombre con el apellido “JUAREZ”, y ahí lo entendía, eramos “JUAREZ”.

Fue el mejor cumpleaños de nuestras vidas. 

Ya no vivimos en el complejo de seguridad, ahora estamos en un edificio en el centro de la ciudad, es el más importante de la ciudad y es tan exclusivo que cada piso tiene un patio con jardín, piscina, quincho… es magnífico y de alta seguridad. Lo mejor de todo es que a nuestro hogar lo diseñamos entre los cinco, papá y yo en planos y mamá y mis hermanos en diseño, sí, los mellizos eligieron los juegos del patio, hasta pista de karting tenemos. Y ahora los cinco somos felices en nuestro hogar.


Acuarela 

Comentarios

Entradas populares de este blog

mí descargo

Mi descargo En un mundo cargado de gente mediocre, no es fácil cargar con el peso de la personalidad con la que fui dotado.  Buscar la perfección, no conformarse hasta completar eficientemente un trabajo, poseer el conocimiento preciso para las tareas encomendadas o simplemente saber con exactitud que procede luego de cada evento. Las cosas hechas a medias no es algo que este en mi mente como así también involucrarme en situaciones vanas y carentes de sentido, las celebraciones no son de mi competencia, he llegado a un punto en el que nada tiene sentido. He tratado de resistirme a “ir con la corriente” y a pesar de eso nada satisface mi ingenio, mi mente busca nuevos horizontes pero todo carece de significado.  ¿Deberé rendirme a este mundo simple y bajo, al aglomeramiento de los que no piensan, a la avalancha de mediocridad que me atropella? Mi mente adelantada a desconectado del alma apasionada que alguna vez creí tener, aprendí con mucho dolor que ambas no son posibles, que...

Antologías, certificados y revistas 2023

Farol de Luz

Farol de luz El hombre nace en un mundo roto y crece en un ambiente que vive en el más o menos bien con naturalidad. Así respira y sigue remándola en dulce de leche para afrontar la cotidianeidad que acorrala. El calzado se le gasta y la piel está cuarteada de tantas experiencias que le salieron más o menos bien. Su carga le encorva la espalda y le frustra el alma. Ya no desea ni el más o menos, ni el bien. Se pregunta ¿Será que así será siempre en un mundo roto? Dice andar más o menos bien porque al bien no llega Con eso tapa lo quebrado que está el hombre junto al mundo La va piloteando y se deje arrastrar por el viento de la vida. Por ahí le alumbra un farol de luz que le da fe. El roto mundo contaba con algo de luz para el hombre. Descarga su espalda y camina en contra del más o menos bien. Y lo único sano que observó fue ese farol de luz que le dio fe. Mei