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La maldición

Quiero que te enfries,

y que todo en tu mundo me espante, 

quiero que te consumas y te conviertas en cenizas,

y que el eco de tus risas sea para mi como el sonido de las aves cantando, familiar pero lejano


Y quiero olvidarme de tu nombre, 

y que los labios que lo alojen queden sellados para siempre, 

quiero que el fruto de mi mente ya no este envenenado con tu esencia nunca más


Y, sin embago, te pienso a cada instante,

tu fantasma llena los vacios que dejaste y todos los espacios que quedaron deshabitados, 

y no puedo exorcizarlo, porque no me queda nada, 

y le temo a los fantasmas pero le temo más a la soledad.


Tomás Bundi 

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