¿Es realmente mala suerte?
Fausto miro cansino el espejo antiguo que reposaba contra la pared de la sala. Estaba agotado, frustrado y tenía el ánimo por los suelos. Desde que había iniciado la semana, una serie de eventos desafortunados habían opacado su tan ansiado ascenso laboral y su mudanza.
El lunes había iniciado como cualquier día pero al llegar el mediodía habían comenzado los problemas. Como primer día de la semana, creyó normal que hubiese inconvenientes pero solo fue el primero de una seguidilla sin pausas.
Lo habían ascendido la semana anterior y ese lunes al hacerse cargo del nuevo equipo, las directivas fueron mal entendidas y provocaron la perdida de un cliente muy importante, por lo que la responsabilidad recayó en él.
El martes los proveedores no registraron bien los pedidos de materiales y no se completaron las entregas provocando la llamada de atención de sus superiores.
El miércoles su mama le llamo alarmada avisando que su abuela, quien había compartido muchos años de vida junto a él, se encontraba internada en estado reservado en una clínica. Luego de hacer las diligencias que pudo, logro llegar y ver por escasos momentos a la anciana que siguió en evaluación médica.
El jueves lo contactaron de la empresa de mudanzas para coordinar la carga en su antiguo hogar y la entrega de sus muebles y pertenencias en la nueva locación. A la tarde llego un camión y trabajadores que pusieron manos a la obra con tanta suerte que en la primera hora se les había caído y roto un jarrón y un espejo.
Fausto suspiro y rogo que aquello, a pesar de todo terminara bien pero realmente parecía que había algo que impedía su buena suerte. La empresa de energía eléctrica envió antes a los obreros encargados de interrumpir el servicio y terminaron de cargar los muebles a oscuras.
Viernes y Fausto se dijo a si mismo que era un día nuevo y todo iría bien: no paso.
Su novia desde hace dos años le envió un mensaje cortando la relación argumentando que él no tenía tiempo para ella, y aunque deseaba aclarar todo, ya no le quedaba energía para siquiera refutar su decisión.
Durante el día funciono en automático y al llegar la noche solo se tiro en una cama de hotel porque estaba sin casa hasta el fin de semana.
El sábado ni siquiera pudo pensar, una llamada lo despertó para anunciar que en dos horas estarían descargando los muebles. Paso el día ordenando mientras llevaba y traía cosas dentro de su nuevo hogar, y aunque se cayó, tropezó y lastimo las manos, ya no le importo la mala suerte que lo perseguía desde hace una semana. No fue hasta el día siguiente que mirando fijamente el espejo antiguo, sin saber dónde colocarlo, que se dio cuenta de lo que podría estar pasando.
El lunes temprano mientras corría a la mañana como hobby, choco con una señora. Aunque no llegaron a caer, ella gesticulo palabras que el no escucho por llevar sus audífonos. Y si lo pensaba bien, después de ese evento, toda una serie de problemas le habían atacado y agotado. El no recordaba haberse disculpado y quizás, su mala acción solo atraía más mala suerte.
El lunes temprano se cambió de ropa, calzo sus zapatillas deportivas y salió con la idea en mente de volver a encontrar a la mujer y expresar sus disculpas para terminar con su mala suerte.
Maca
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