La noche caía lentamente sobre el poblado, mientras en las casas las lámparas de una en una eran encendidas.
El frío hacia que la gente se moviera aletargada y que evitara, a toda costa, deambular por las calles.
Desde la ventana podía ver todo lo que necesitaba.
Tomé el papel y la pluma que se encontraban sobre el escritorio y después de pensarlo unos instantes, escribí un pedido de rescate que enviaría a la familia.
Sonreí mientras llamaban a mi puerta.
Ella no sabía que sería secuestrada.
No tenía idea de lo que mi mente le reservaba.
Kieran Black
Comentarios
Publicar un comentario