Ir al contenido principal

Desde otros ojos


Nací en una gran ciudad rodeado de amor, mi familia vivía en un pequeño mono ambiente y todo fue alegre. Aunque como toda historia con su quiebre, la alegría se diluyó.

Mis padres traían nueva vida al mundo y nuestro nido de amor quedó apretado. Me hicieron creer que “donde comen dos, comen tres” era un dicho mentiroso.

La nueva integrante debía sentirse cómoda y lo entendí. Ella era tan hermosa, que ya no había miradas para mí. Con el tiempo tampoco hubo más juegos.

Creí que perjudicaba la convivencia, sin embargo una luz de felicidad brillos en mis ojos marrones. Mi papá me cargó en la camioneta y salimos rumbo al parque, a correr como a mi tanto me gustaba. No entendía porque tomaba otro camino distinto, yo solo me mantenía feliz.

El sol dejaba de alumbrar, entonces papá estacionó en un lugar que no era el parque, solo sabía que estaba muy lejos de casa porque veía campo. Y ahí quedé. Pensé que talvez me lanzaría algunos palos, pero ahí quedé.

Vi que el auto se alejaba cada vez más y empecé a correr con todas las fuerzas hasta que ya no pude más. Solo lloré, lloré y lloré, hasta quedar dormido entre largos pastos que me acobijaban del frío otoñal.

Siendo de día, emprendí la marcha para encontrar el camino de regreso a casa, lo cual resultó inútil. Pasó el tiempo, las estaciones, los años y yo envejecía de tristeza.

El otoño, amado por algunos, era una pesadilla para mí. Siempre traía a mis recuerdos a esos amables padres que sin saber porque me dejaron una vez.

Sin embargo, encontré un nuevo parque que me abrazó y un asiento que me serviría de cama, la cual comparto hace tiempo con mi nuevo dueño. Yo siento que él intenta encontrar el calor humano entre las personas que transitan el lugar, y en cambio encuentra indiferencia. Cuando él me mira a mis ojos, yo veo en los de él esa falta de amor. Y yo que estoy lastimado, aún me queda algo de corazón para darle.

Siendo un simple perro callejero, no por elección sino por abandono, entiendo algo: el ser humano dice amar, pero pocos aman con el corazón. Esas personas saben que amar es dar, es accionar, es ayudar, es tantas cosas buenas.  Y no es abandono ni indiferencia.

Talvez, aquí muramos de hambre, de frío, o de tristeza, pero no por negar amor.

                                                                         

Mei

Comentarios

Entradas populares de este blog

la belleza de mutar

La belleza de mutar. Hay algo en mí que siempre ha temido la mirada de los otros, como si fuese un cristal frágil expuesto al mundo. Cada palabra que digo, cada movimiento que hago, parece resonar en el aire como un eco desproporcionado, como si el universo entero se detuviera para observarme, juzgarme, medir mi existencia. Es extraño, porque sé que no es real, pero se siente real. Es una tormenta interna que no se ve desde fuera. Una maraña de pensamientos que me ata, que me hace dudar antes de hablar, antes de actuar. A veces, incluso antes de salir al mundo. No es que no quiera estar; es que hay una parte de mí que teme que el estar no sea suficiente. He vivido mucho tiempo creyendo que este vaivén silencioso sería eterno, que jamás encontraría un puerto en medio del oleaje. Pero un día, algo cambió. No sé si fue el cansancio de tanto peso o una pequeña chispa que se encendió sin aviso, pero entendí que debía empezar a caminar, aunque fuera con pasos inseguros. Empecé a respirar más...

Farol de Luz

Farol de luz El hombre nace en un mundo roto y crece en un ambiente que vive en el más o menos bien con naturalidad. Así respira y sigue remándola en dulce de leche para afrontar la cotidianeidad que acorrala. El calzado se le gasta y la piel está cuarteada de tantas experiencias que le salieron más o menos bien. Su carga le encorva la espalda y le frustra el alma. Ya no desea ni el más o menos, ni el bien. Se pregunta ¿Será que así será siempre en un mundo roto? Dice andar más o menos bien porque al bien no llega Con eso tapa lo quebrado que está el hombre junto al mundo La va piloteando y se deje arrastrar por el viento de la vida. Por ahí le alumbra un farol de luz que le da fe. El roto mundo contaba con algo de luz para el hombre. Descarga su espalda y camina en contra del más o menos bien. Y lo único sano que observó fue ese farol de luz que le dio fe. Mei